Personajes "Reales"

¿Qué quiere decir?

 

Lo que a mí me hace conectar con una historia son los personajes. La anécdota en sí puede estar situada donde sea y puede tratar de temas cercanos o lejanos a mí, pero si los personajes son verdaderos, podré ponerme en sus zapatos y ver lo que ven, sentir lo que sienten. 

 

¿Cómo que "verdaderos"? A lo que me refiero con esto es a que los personajes sean lo más humanos posible, de modo que no nos quepa duda, al leer la historia, de que en algún plano existen. Todos nos hemos topado con personajes polarizados, por ejemplo, el malo es muy malo, el bueno es muy bueno. La realidad es que todos los seres humanos somos grises, ni blancos ni negros, y son estos personajes, los que son complejos y tienen capas, los que nos atraen: podemos entender sus tribulaciones y sufrimiento, entender por qué hacen lo que hacen aunque no lo aprobemos, vivir con ellos sus experiencias. 

 

Al escribir, esto es lo más difícil de lograr, evidentemente. Los obstáculos son muchos, desde la experiencia como autores, hasta nuestros propios prejuicios que se interponen con el objetivo final, que es contar la historia de alguien más. Por supuesto, de cierta manera siempre estamos contando nuestra propia historia, a veces claramente, a veces solapadamente, no podemos evitarlo y yo lo he dicho en mis presentaciones: yo soy todos mis personajes y viceversa. No podemos concebir la maldad si no la sentimos, ni la envidia, ni el dolor, ni el enamoramiento. Todo lo que escribimos se relaciona con nosotros, con nuestra cosmovisión, creencias o anécdotas. El truco es éste: liberar a los personajes de nuestro yugo de modo que puedan ser personas "reales" y reaccionar como deben de reaccionas, más allá de nuestros prejuicios y maneras de ver la vida. Por ejemplo, si una autora cree en conservar la virginidad dentro del matrimonio, pero crea una protagonista cuyo carácter no combina con esta creencia y de cualquier modo trata de imponérsela, sentiremos el texto forzado, artificial. Sentiremos la mano del autor moviendo los hilos, y cuando esto pasa, la historia no sirve. La historia tiene que ser liberada, los autores tenemos que comprender que somos intérpretes de los personajes, sus voces, sus médiums. Ya lo creaste, ahora déjalo ir, déjalo ser. Al hablar de este tema menciono siempre a Maya, la protagonista de mi trilogía gótica. Me esforcé en quitarme de su camino y dejarla ser, y esto no es fácil, además de las razones que les he dado (nuestros prejuicios) hay también un cierto amor parental hacia  los personajes que nos hace querer protegerlos de todo mal, impidiéndoles así su destino. Hay que retirarse, dejar de sostener la bicicleta, dejar que se caigan al aprender a caminar. Sólo así harán lo que tienen que hacer. Por eso, escribir es más un proceso de descubrimiento que de expresión de lo conocido, o sea, al comenzar una historia puedo tener una idea de lo que va a pasar, pero si sigo mis propios consejos y me quito del camino de los personajes, es muy probable que las cosas cambien y que ellos se posesionen de la historia y esta resulte muchísimo más interesante para mí. Y si es interesante para mí, hay una buena chance de que sea interesante para alguien más. 

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