ETAPA 1: Todas las preguntas

09/23/2016

La siguiente etapa en mi ciclo literario es esta: cinco o seis temas me rondan la cabeza y ahora no logro decidirme. ¿De qué debo escribir ahora? Aunque trate de evitarlo, pienso en lo que le gustaría a un posible lector (uno tiene que escribir para uno mismo, primera regla), en qué está de moda (esto es totalmente impredecible y no puede ser lo que decida qué escribimos porque la moda a quien le acomoda, como dicen), en temas muy generales que me gustaría tratar, en historias que dejé a medias, en personajes de los que podría hablar más, y rescato viejas historias a las que nunca les ha llegado el momento.

 

La verdad es esta: si no les ha llegado, es por algo. Las historias que tienen que ser contadas no se callan la boca y se abren paso entre las demás. En cuanto a lo que dejé a medias, aplica la misma regla. Y según me cuentan, mis ciclos han sido siempre iguales, y por más que planeo qué quiero escribir y gasto páginas, tinta y tiempo enlistando temas y posibles narraciones, un buen día llega una frase, una imagen o un disparador, y acabo escribiendo de lo que menos me esperaba. Que debería tener paciencia. Que deberían de grabarme porque siempre siento y digo lo mismo: que estoy en temporada de sequía... ¿y si no tengo nada más de que hablar? ¿Y si ya escribí lo que me tocaba escribir? ¿Cómo voy a superar lo último que escribí? ¿Cuánto tiempo más estaré "sin hacer nada"? Porque aunque esté a la mitad de un montón de proyectos, si no estoy escribiendo una novela, me siento desempleada y como un parásito. Y esta etapa es confusa, porque ¡diablos! Pareciera que las ideas están ahí y que lo que sucede es que le tengo miedo al compromiso y no elijo la que representará el mundo en el que viviré el próximo año. Pareciera que soy una floja (eso le dice mi superyo a mi yo) y no que quizá necesito aire y vivir el duelo de la novela que acaba de independizarse y que ya no me pertenece. Pero así soy: implacable y malvada con mi mente y con las demás partes de donde vienen las historias. 

 

Ahora tengo el cerebro saturado: nuevas y viejas voces, preguntas e historias se amontonan entre las extenuadas neuronas y hacen sus pequeñas campañas para ganar los próximos meses de mi tiempo y mis letras. Demasiado, es demasiado y no estoy en condiciones de discernir cuál es la más valiosa. ¿Cómo debería decidirlo? Tomando en cuenta los siguientes puntos:

 

-Lo próximo que escriba debe ser un nuevo reto, en estilo, personaje, tiempo verbal, estructura o algo. Tiene exigirme una evolución. 

 

-Lo próximo que escriba tiene que responder a una intuición: tengo que sentirme convencida de que, por una razón u otra, estoy destinada a contar esa historia. Tiene que ser algo más allá de lo racional. 

 

-Lo próximo que escriba tiene que contener algo a lo que yo le tenga miedo, un tema, mundo, voz o algo que no conozca o a lo que le haya huido antes. 

 

-Lo próximo que escriba tiene que llamarme como un amante llama a su pareja a la cama: sugestivamente, prometiéndole grandes placeres.

 

Etapa 1, que es mejor que la etapa O... las criaturas en mi interior empiezan a aletear, pero hay tanto ruido que no logro distinguir la voz que canta la melodía que más me hechiza. 

 

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